Para un ángel

Captura de pantalla 2015-10-25 a las 9.04.33“-¡Oh átomos inteligentes en quienes quiso el Eterno manifestar su arte y su poder! Decidme, amigo ¿no disfrutáis en vuestro globo terráqueo purísimos deleites? Apenas tenéis materia, sois todo espíritu, lo cual quiere decir que seguramente emplearéis vuestra vida en pensar y amar, que es la vida que corresponde a los espíritus. Yo que no he visto la felicidad en ninguna parte, creo ahora que está entre vosotros.”

Con este apóstrofe se dirige de forma ingenua el gigante Micromegas a un filósofo humano con el que está de tertulia acerca de la naturaleza de esos átomos que somos y tanto sorprenden al gigante observador. Evidentemente, Micromegas, protagonista del relato filosófico epónimo publicado por Voltaire en 1752, está a años luz de imaginarse las atrocidades y la indiferencia de las que somos capaces los átomos, cosa de la que se entera posteriormente y provoca su ira.

No obstante, en ocasiones, los humanos somos también capaces de acciones y sentimientos bellos que, de algún modo, permiten aclarar un poco el cuadro oscuro del balance de la humanidad que nuestros dirigentes, los mercados financieros o las guerras no cesan de enturbiar en su conjunto. A veces, incluso surgen seres que reúnen dentro de sí las distintas cualidades que componen la belleza de tal modo que el envoltorio carnal no basta para contener lo que hospedan en su seno. De ahí que esa belleza los supere y se llegue a percibir en su entorno sobre todo si este consiste en una comunidad rural no excesivamente extensa donde los lazos humanos son mayores per se.

Juanjo era con sus 23 años una de esas personas que rebosa de humanidad, bondad, y sobre todo, de belleza. Sin llegar a ser amigos cercanos lo conocía por haber sido miembro, al igual que él, de la Comisión de Fiestas de Avilés en el año 2009 y por el año pasado en el que tuve la suerte de vivir en esa pedanía de Lorca cuyo censo no supera las 300 personas empadronadas. Sé que Juanjo tenía muchos amigos y que la conmoción que el desenlace de la tragedia que ha durado unos días ha causado, no solo en Avilés sino en las pedanías cercanas, se puede equiparar con su calidad humana. Quien lo conociese sabe que por donde anduviese, no caminaba sin su sonrisa constante siendo siempre afable y disponible para ayudar a quienes lo rodeaban. En efecto, bondad, generosidad, y felicidad son tres sustantivos que usaría desde mi retiro neoyorquino actual para describir a Juanjo. Pienso que habría que añadir la humildad con la que solía rodearse nuestro amigo dado lo trabajador que era. Juanjo trabajaba duro en La Hoya en una empresa de lechugas y era una gran fuente de apoyo para su familia con sus 23 años. Ahora bien, jamás esto influyó sobre su comportamiento ni se escuchó lamento alguno por su parte debido a esa situación. Por todo ello, Juanjo era y es un ejemplo para seguir y lo incluyo en mi salón de la fama personal entre mis estrellas del rock.

Ahora, tras una tragedia que aún no ha concluido totalmente, el dolor y el duelo son los que rigen la vida de la comunidad de la que Juanjo formaba parte. En primer lugar, su familia está atravesando un momento difícilmente superable y es que la muerte de un hijo en la flor de la vida, por romper el ciclo natural de la vida que prevé que los mayores se vayan antes, no corresponde con ningún esquema con el que solemos lidiar como humanos. En segundo lugar, el pueblo de Avilés se ve afectado en su conjunto por lo sucedido y si bien sus amigos han hecho piña yendo al hospital para darle fuerza durante su convalecencia y lograr el preciado milagro, han estado haciendo piña para recolectar un dinero que, sin lugar a duda, será útil con el fin de darle a Juanjo el adiós que se merece. En tercer lugar, y como se ha mencionado anteriormente, el impulso de solidaridad y de vuelco ha superado el de la población de Avilés y no son pocos los mensajes de apoyo que fluyen sin cesar. Para volver a las líneas introductorias de este artículo, si es cierto que los humanos somos capaces de atrocidades y, en el mejor de los casos, de la mayor indiferencia, incluso en aquellas pedanías perdidas de la mano de Dios donde los políticos salen de debajo de las piedras semanas antes de las elecciones para ocultar baches en las carreteras con parches de alquitrán, también somos capaces de sublimarnos y convertirnos en seres bellos cuando un motivo excepcional nos reúne. En esta ocasión, la reacción popular observable en Avilés tiene un solo motivo: Juanjo.

A continuación, y de cara a un futuro cercano aunque no inmediato, pienso que sería bueno conseguir ver si algo positivo ha podido salir de la muerte de Juanjo. Con eso me refiero al cambio probable que van a experimentar las personas que lo veían a diario. Ese cambio es el que nos restituye al estado de átomo y nos recuerda que, al igual que las hormigas que pisamos por inadvertencia, somos muy frágiles y, por lo tanto, hemos de valorar la vida por ser una sola. Muchos nos hemos jugado la vida en numerosas ocasiones por esas tierras de Lorca y del noroeste murciano yendo en coches pasados de alcohol, pasados de droga o simplemente creyéndonos inmortales porque pertenecemos a generaciones que buscan sentirse vivas y lo han probado todo pero, a menudo, obviamos que nos jugamos el dejar de sentir en cualquier esquina. Así pues, sin llegar a esos extremos y un día cualquiera, se nos ha ido Juanjo.

Por último, habrá quien acuda a Dios con el fin de superar el duelo porque es lo único a lo que algunos se puedan aferrar en momentos de incógnita, de fracaso o de dolor como es aquí el caso. No todos nos enfrentamos al duelo con métodos semejantes; en mi caso utilizo la pluma o el teclado. Para quienes somos ateos (cada vez más en la España meridional católica) nos queda seguir haciendo piña y apoyar incondicionalmente a los familiares del amigo que nos ha dejado aprendiendo a ser más fuerte en los momentos difíciles gracias a su recuerdo o a sonreír como él lo hacía. Independientemente de que no haya Dios, me gusta la idea de un lugar selecto al que solo acceden los mejores desde el que ahora mismo Juanjo nos está mirando con esa eterna sonrisa suya salvo que esta vez, la sonrisa viene acompañada con una lágrima de inmensa alegría al vernos.

Matías Valiente

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